No hay obligación de que todo sea igual
Hay familias que quieren repetir cada detalle como homenaje, y familias que no soportan hacerlo y prefieren una cena distinta, en otra casa o en la playa. Las dos maneras están bien. Lo que suele hacer más daño es que cada uno lo viva por dentro y nadie lo diga. Si te toca organizar, pregunta antes: a la mamá quizá le consuela poner el puesto de siempre y al hermano le duele verlo.
Una noche de novena para recordar
De los nueve días de novena, se puede dedicar uno a quien se fue: rezar por esa persona, cantar el villancico que le gustaba, que alguien cuente una anécdota graciosa suya. En muchas casas esa noche termina siendo la más querida de diciembre, porque la tristeza se comparte en lugar de esconderse detrás de la fiesta.
Con los guaguas
Los niños preguntan sin rodeos y en el peor momento: «¿y el abuelito por qué no viene?». Mejor hablarlo antes. Cuéntales unos días antes que esta Navidad será distinta y pídeles ideas para recordarlo: una figura en el pesebre, una tarjeta, su pristiño favorito. Hacer algo concreto les ayuda a ubicar la pena.
Cuando la ausencia es la distancia
En miles de casas ecuatorianas la silla está vacía porque un hijo trabaja en Nueva York, en Madrid o en Génova y este año no pudo viajar, o porque no tiene papeles para volver y arriesgarse. Ese duelo casi nadie lo nombra, porque la persona está viva. Pero duele. Una videollamada a la hora de la cena, aunque sea corta, y una foto suya junto al pesebre, ayudan más de lo que parece.
Ponerse de acuerdo antes del 24
Hay detalles que conviene decidir con tiempo: si se sirve su plato, quién se sienta en su lugar, quién hace ahora el pristiño o la chicha, si se brinda por él o por ella a medianoche. Resolverlo antes evita roces dolorosos en plena cena. Y date permiso para salir un rato al patio si lo necesitas.
Si este año la pasas sola o solo
Hay quien, después de una pérdida, se queda sin la casa donde se reunía todo el mundo. Si vas a pasar el 24 sin compañía, vale la pena planearlo en lugar de esperar a ver qué pasa: una llamada larga con alguien querido, una caminata por la tarde, una misa, la comida que te gusta. Y si alguien te invita, puedes aceptar aunque sea un rato. Estar acompañado no obliga a estar alegre.
Si quieres prepararte
Mucha gente me escribe a finales de noviembre porque ya teme las fiestas. En una sesión podemos ver qué fecha te pesa más y qué necesitas para pasarla. La Sesión de Diagnóstico es una llamada de 45 minutos. Si además quieres despedir un año difícil, mira la sesión de cierre de año.
Los ejemplos de este cuaderno son ilustrativos, no historias de clientes. Una lectura de tarot es una interpretación simbólica: no demuestra hechos ni asegura resultados.
