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Cuaderno · Temporada y país

Difuntos: la colada morada cuando alguien falta

A finales de octubre, en las panaderías de Quito, Cuenca o Riobamba aparecen las guaguas de pan y en las casas empieza el olor a mortiño, naranjilla y especias. La colada morada se prepara en olla grande porque se reparte entre la familia y los vecinos, y el 2 de noviembre muchas familias van al cementerio a limpiar la tumba, llevar flores y, en algunas comunidades de la Sierra, compartir comida junto a sus muertos. Es una fecha bonita. Y para quien perdió a alguien este año, también es una de las más difíciles.

Una taza de colada morada y guaguas de pan sobre una mesa de cocina
Una taza de colada morada y guaguas de pan sobre una mesa de cocina

La primera colada sin esa persona

Hay recetas que tienen dueña. La colada de la abuela, con su punto exacto de espesor y su manera de cortar la piña, no sale igual en otras manos. Cuando esa persona ya no está, preparar la olla puede sentirse como un homenaje o como una herida, y a veces las dos cosas en la misma tarde. No hay una reacción correcta. Si este año no quieres cocinar, compra la colada en la esquina. Si quieres hacerla tú con su receta, hazla, aunque llores mientras remueves.

Ir o no ir al cementerio

En muchas familias se da por hecho que el 2 de noviembre todos van juntos. Pero el primer año, el cementerio lleno de gente, música y vendedores puede abrumar. Puedes ir otro día, más temprano o más tarde, cuando haya menos movimiento. Puedes ir sola o solo, o acompañada por una sola persona con quien no tengas que fingir. Y si la tumba está en otra provincia o en otro país y no puedes viajar, enciende una vela en casa junto a su foto: el gesto vale lo mismo.

Lo que no alcanzaste a decir

Muchas personas cargan con algo pendiente: una discusión que quedó sin cerrar, un «te quiero» que no dijeron, una visita al hospital que no llegó a tiempo. Difuntos remueve todo eso. Un ejercicio sencillo es escribirle una carta a esa persona, con lo que te faltó decir, y llevarla al cementerio o guardarla junto a su foto. No es magia: es una manera de sacar de dentro algo que lleva meses dando vueltas.

Lo que yo no hago

Te lo digo con claridad porque es una pregunta que me llega cada noviembre: no hablo con los difuntos ni transmito mensajes suyos. Desconfía de quien te ofrezca eso a cambio de dinero, sobre todo si te escribe justo en estas fechas. Lo que sí puedo hacer en una sesión es acompañarte a mirar tu duelo: qué te duele más, qué te quedó pendiente y qué necesitas para seguir.

Los niños y las guaguas de pan

Para los niños, Difuntos puede ser una buena ocasión para hablar de la muerte sin miedo. Decorar una guagua de pan pensando en el abuelo, contarles historias de cuando era joven, llevarlos a dejar flores, les ayuda a entender que a quienes se fueron se les sigue queriendo. Si preguntan algo difícil, una respuesta sencilla y verdadera les sirve más que un rodeo.

Si el duelo pesa demasiado

Si notas que pasan los meses y no consigues dormir, comer o trabajar, o si te cruzan pensamientos de no querer seguir, busca ayuda profesional. En Ecuador puedes llamar al 171, opción 6, del Ministerio de Salud Pública, que orienta en salud mental. Una lectura puede acompañar, pero no sustituye ese apoyo.

Los ejemplos de este cuaderno son ilustrativos, no historias de clientes. Una lectura de tarot es una interpretación simbólica: no demuestra hechos ni asegura resultados.

Dudas habituales

Lo que suele
preguntarse.

Si tu duda no está aquí, pregúntasela a Maryana por WhatsApp antes de reservar.

¿Es mal momento para una lectura de duelo en noviembre?

No. Es frecuente consultar en estas fechas, porque es cuando más se nota la ausencia. Lo importante es que la sesión te ayude a ordenar lo que sientes.

¿Puedes decirme si mi familiar está en paz?

No. La lectura no habla con los difuntos. Trabaja tu duelo y lo que esa pérdida mueve en tu vida.

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